Alemania en otoño

Rainer Werner Fassbinder y su madre, Lilo Pempeit, en una escena de ‘Alemania en otoño’ (1978). ARTHAUS

(…)Vuelvo a ver Alemania en otoño y no puedo dejar de pensar en el otoño que se está extendiendo por Europa, con esta sensación generalizada de fin de época –de la época en la que el capitalismo prometía bienestar, democracia y oportunidades para todos– en el inicio de un invierno feroz en el que pedimos que se deje a la intemperie a quien no tenga una cabaña para protegerse y, si se acerca a la nuestra, se lo elimine como a una fiera. Porque siempre sucede lo mismo: en lugar de odiar a quien nos expone al frío, se guarda rencor a quien supuestamente compite por el calor de nuestro pequeño refugio.

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Una belleza terrible

Esta novela, que han escrito juntos Edurne Portela y José Ovejero, cuenta la historia de Raymond Molinier, Jeanne Martin des Pallières, Vera Lanis, Jean van Heijenoort, Elisabeth Käsemann y tantos otros hombres y mujeres, de orígenes humildes o aristócratas, obreros o intelectuales, que compartieron sus luchas y su intimidad mientras ponían su vida al servicio de la revolución, de la transformación radical de un mundo que les parecía injusto.

En un arco temporal de casi un siglo que va desde el París de la Primera Guerra Mundial hasta el de los años 80, pasando por la España de la guerra civil o la Argentina peronista y de las posteriores dictaduras, los protagonistas de Una belleza terrible, organizados alrededor del trotskismo, se enfrentaron a enemigos siempre superiores, ya fueran la Alemania nazi, el estalinismo, o las dictaduras militares en América Latina, confiados en la validez de su causa.

Con un trabajo intenso de documentación y conversación con testigos, Ovejero y Portela también escriben sobre su propia búsqueda, sus dudas y dificultades a la hora de retratar personajes con vidas tan complejas e intensas.

El resultado es una novela fascinante e inolvidable que se basa en personajes y hechos reales para retratar en profundidad las tragedias individuales y colectivas, las contradicciones, las dudas, los errores, la generosidad, el heroísmo incluso, de quienes, a pesar de saberse en el bando perdedor, nunca dejaron de luchar por la construcción de una sociedad más justa.

Un momento para respirar (27) Euskara ikasten ari naiz

Pintada en la playa de Laga, Bizkaia (Álvaro Minguito)

9 de abril

Si no tuviese el compromiso de publicar fragmentos de este diario en La Marea es posible que lo hubiese abandonado por un tiempo. Los días están tan llenos y mi cabeza tan dispersa que se me olvida detenerme a repasar el día y escribir mis impresiones. Me sucede algo parecido a lo que me pasa con el ejercicio físico: es una actividad con la que me siento bien después de realizarla, pero siempre la pongo en un lugar demasiado bajo de mi lista de urgencias.

No estoy acostumbrado a pasar tanto tiempo sin escribir (literatura). Siento que mi vida está incompleta si no creo. Cuando Edurne se ausenta unos días siento algo parecido. No, no es que mi vida esté incompleta, es más bien que vivo en modo standby. No se me ocurre una buena palabra en castellano –reposo, espera, no me valen–. En los aparatos de gas –calentadores, estufas–, cuando solo está una pequeña llama encendida pero los quemadores apagados, se dice en francés que está en veilleuse; si se abre el agua caliente o se demanda más calor se produce una llamarada y como un soplo fuerte que anuncia el pleno funcionamiento. Eso es: cuando no escribo o no está Edurne me encuentro en veilleuse y anhelo el momento de la llamarada.

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Una rebelión de derechas

«Nos hemos acostumbrado a ver a personajes de la élite política y social presentarse como rebeldes frente al sistema, prometer el regreso a tiempos mejores, defender en público los valores que pisotean en privado, y enarbolar la bandera de la libertad individual y de la insolidaridad. También hemos visto como se saltan la ley sin que eso tenga repercusiones en su carrera política.»

Una utopía sin paraísos

Para acabar el año me pidieron que escribiese sobre algún deseo más o menos utópico para el futuro cercano y esto es lo que pensé. Ojalá os interese.

Fotografía Reuters/François Lenoir.