13 de septiembre: presentación de Bajo la luna negra en Matadero, Madrid, en el festival Back to the book, a las 17.00, con Marta Sanz.
16 de septiembre: presentación de Bajo la luna negra en La libre de Barrio, Leganés.
17 de septiembre: presentación de Bajo la luna negra en Libreria Vino a por Letras.
2 a 5 de octubre: presentaciones de Una bellezza terribile en Nápoles, Pisa y Roma, con Edurne Portela (detalles más adelante).
15 de octubre: presentación de Bajo la luna negra en Toma 3, Gijón.
16 de octubre: presentación de Bajo la luna negra en Kafka & Co. Oviedo.
20 de octubre: club de lectura sobre Bajo la luna negra en Libreramente, Barakaldo.
22 de octubre: participación en Festival Palabra, León.
23 de octubre: club de lectura sobre Bajo la luna negra en Librería Estudio, Miranda de Ebro.
27 de octubre: club de lectura sobre Bajo la luna negra en Intempestivos, Segovia.
30 de octubre: participación en CIVICAN- Diálogos de medianoche, Pamplona.
14 de noviembre: participación en el festival Strane Coppie, en Nápoles.
24 de noviembre: Charla sobre La ética de la crueldad en Fundación Carlos Edmundo de Ory, Cádiz.
Leyendo tu artículo y leyendo «…es difícil cuando se habitan mundos tan distantes», quiero preguntarte, ¿cómo se mira un mundo desde otro mundo? ¿qué te traes, qué salta del suyo (en tu paseo por Medellín por ejemplo), al tuyo? ¿el hecho de estar allí presente, de mirar, de cruzar la mirada con los que lo habitan, te conecta de algún modo, o crees que es casual, que sencillamente forma parte de tu «trabajo»?
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No es parte de mi trabajo, Feli. En el caso de Medellín, lo que me traigo es una cierta tristeza. Nunca he sabido, ni querido, mirar una ciudad como objeto estético o como lugar puramente cultural o de diversión. Y ya sé que también en Madrid hay miseria. Pero supongo que visitar un lugar desconocido hace que vayamos con los ojos más abiertos, que se desmorone un poco la coraza con la que nos protegemos y seamos más conscientes de lo que nos rodea.
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Feli, disculpa que no te haya contestado. Me parece que no supe qué responder a las preguntas, y después me olvidé. Mi trabajo no me conecta más, lo único que hace es obligarme a mirar en detalle, o a lo mejor es al revés, y escribo porque me detengo a mirar.
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