De mi diario (2)

Leo antes de que lo publique el último libro de M. Impresionantemente bien escrito. ¿Qué significa bien escrito? Honesto. No me refiero sólo a que haya sinceridad en las historias; quiero decir honesto en que el uso de las imágenes se adecúa a lo que cuenta, como si no hubiese nada impostado ni exhibicionista, en un libro en el que habla de una intimidad que casi nunca revelamos. Se nota el esfuerzo por buscar un lenguaje capaz de expresar la emoción, no de crear emoción a partir del lenguaje.

El lenguaje es vehículo, no motor. No nos empuja a sentir –entonces se vuelve manipulador, o melodramático o preciosista- sino que nos transporta sentimientos.

Días tranquilos en Bonn. Frío. Las estelas de los aviones brillan al amanecer y al atardecer, dibujan un intento de cuadrícula que se alabea como líneas bajo el agua.

Haciendo limpieza en mi escritorio me encuentro con un currículum negativo que escribí hace tiempo. Se trataba de hacer un recuento no de mis logros -que es lo que solemos poner en las solapas de los libros- sino de todo aquello en lo que fracasé. Encuentro párrafos que me gustan; como es posible que algún día la borre, copio aquí algunas de las consideraciones generales (es menos probable que olvide mis fracasos y vicios más concretos):

“De mi niñez recuerdo sobre todo los terrores nocturnos; era un niño miedoso que también por el día alucinaba imágenes amenazantes. Mis recuerdos de infancia, escasos, se funden con dichas imágenes.”

“Constato mis fracasos como mi parte más auténtica: mis éxitos me hacen pensar en alguna forma de impostura.”

“Soy un humilde arrogante: soy muy consciente de mis insuficiencias, de mis debilidades, pero si miro a mi alrededor tampoco veo tanta gente superior a mí. Es lógico que de ello se derive una cierta misantropía.”

“Tenía una estúpida vocación de ser infeliz, aún más fuerte que la de ser escritor. Escribir me parecía una manera refinada de conseguir esa infelicidad. Yo, de todas formas, pensaba que era un buen escritor, pero nadie más parecía pensarlo, porque, a pesar de que escribía con regularidad desde la adolescencia, no conseguí publicar ni un renglón hasta los treinta y cinco años. Después de releer algunas de mis obras de entonces me veo obligado a dar la razón a quienes las rechazaron. Si hoy viniese un joven con obras similares a las mías a pedirme consejo, le recomendaría que se dedicase a otra cosa. Pero una de mis virtudes es la tenacidad y he conseguido mejorar mi estilo y, sobre todo, mi mirada.”

“Durante todos estos años he aprendido algunas cosas: a soportarme mejor que antes y a aceptar que me quieran más de lo que yo me he querido. He hecho pocos enemigos, aunque algunos dotados de una tenacidad superior a la mía. A veces, cuando descubro su odio perdurable hacia mí, siento cierta ternura hacia ellos. Pero se me pasa enseguida y medito venganzas imposibles.”

“…es un alivio dejar de fingir, de retocar mi imagen para parecer más atractivo o más importante de lo que soy. No es lo que logras lo que te hace feliz; la tranquilidad sólo te la otorga una conciencia comprensiva de tus limitaciones.

“A pesar de la suma creciente de mis fracasos, soy más feliz de lo que era de joven. Aunque supongo que ese rasgo lo comparto con la mayoría de quienes han ido madurando sin enfermedades graves ni pérdidas dolorosas. Soy, entonces, un privilegiado. Procuro no olvidarlo para no convertirme en uno de esos idiotas que creen merecer lo bueno que les ocurre pero culpan a los demás de lo malo.”

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