Un momento para respirar (12) ¿Qué cambia más el mundo, la literatura o la fontanería?

John Warwick Brooke / Biblioteca nacional de Escocia

22 de noviembre
Decido pasar una mañana tranquila, de lectura. Ignoro correos y mensajes. Edurne no está. Ni siquiera tengo ganas de salir al paseo habitual hasta el arroyo con el perro. Pero Goxo me insiste tanto que acabo levantándome del sofá y salgo con él. A mitad de camino me abandona y se va a sus asuntos. No me parece mal, yo también cambio de opinión de forma inesperada.

Quizá porque tiene que venir hoy un fontanero a mi casa, la noche pasada, en la duermevela, me pregunté: ¿qué es más necesario, un fontanero o un escritor? ¿Qué cambia más el mundo, la fontanería o la literatura? Habría que poner en la balanza la contribución a que tengamos agua potable y agua caliente en nuestras casas, la calefacción, el sistema de desagüe de nuestros baños, y del otro lado las obras de Shakespeare, Agota Kristoff, Borges o Sylvia Plath.

Como es sabido, Platón quería dejar fuera de la república a los poetas. Si yo pudiera dictar las normas de una república y tuviera que elegir, ¿a quién dejaría fuera, a los poetas o a los fontaneros? La respuesta es obvia. La única esperanza para la literatura sería entonces que hubiera fontaneros poetas, o viceversa.

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Un momento para respirar (11) Soluciones geniales a problemas irresolubles

PIXABAY

20 de noviembre
Yo estaría a favor de la libertad absoluta de prensa siempre que se garantizase que cada medio dispusiese de idéntico presupuesto e idéntico acceso a los canales de difusión. Y, afinando un poco más, que con cada bulo publicado se redujese dicho presupuesto en un porcentaje establecido previamente.

A propósito de estas soluciones tan geniales que se me ocurren, recuerdo otra que lancé una vez en la radio y, sorprendentemente, ningún partido la ha incluido en su programa. Es esta: distintos estudios muestran que el mayor grado de felicidad se da entre quienes ganan 2.500 y 4.500 euros al mes. Aunque la felicidad disminuye por debajo del mínimo señalado, apenas aumenta por encima del máximo. Así, todo partido interesado en el bienestar de los ciudadanos, debería tener como objetivo que nadie gane menos de 2.500 ni más de 4.500 euros.

Hoy me he quedado solo en casa (con el perro), así que tengo tiempo para pensar tontadas como estas. ¿O no son tontadas?

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Un momento para respirar (10) ¿Democracia sí o democracia no?

En la imagen, la reunión entre Pinochet y Kissinger en 1976. MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES DE CHILE / CC BY 2.0 CL

10 de noviembre
«¿Democracia sí o democracia no?» escribe provocadoramente un usuario de Twitter respondiendo a alguien que se lamentaba de la victoria de Trump. Es una alternativa tramposa, porque, y eso se nos olvida constantemente, no existe la democracia auténtica en ningún lugar del mundo. Vivimos en una ficción de democracia y nos ponemos cómodos en ella como cuando leemos una novela de aventuras y dejamos de cuestionar la verosimilitud de las peripecias. La fuerza de la narración se impone a la coherencia de los hechos.

Si alguien lee eso de «no existe la democracia auténtica» puede decir: claro, la perfección no existe, pero es el mejor sistema… bla, bla, bla. No hablo de perfección.

Leyendo El fantasma de los hechos, de Bruno Arpaia, me acuerdo de mis depresivas entradas en el diario de la semana pasada. Quizá nuestro desaliento hacia el presente que, sin duda, es amenazador, se deba en parte a nuestra mala memoria hacia el pasado o a que no queremos tomar nota de él.

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Un momento para respirar (9) El desánimo y la voluntad

Una calle de Paiporta. EVA MANEZ / REUTERS

31 de octubre
Veo un tuit con cuatro portadas de periódicos, tres que podemos situar claramente en el espectro conservador. Ninguna de estas tres lleva como noticia principal de portada la devastadora tormenta que acaba de producirse en Valencia. La noticia principal es que un juez ha abierto una nueva investigación por posibles delitos a la mujer del presidente (no se trata de una condena, tampoco del inicio de un juicio). La noticia de la tormenta que ha provocado muertes, desaparecidos y daños muy cuantiosos ocupa un lugar minúsculo de la portada. ¿Se deberá esta jerarquía informativa a que el gobierno valenciano está en manos de la derecha y a que ha sido extremadamente negligente en la gestión de la catástrofe?
En las facultades de periodismo de dentro de unas décadas se estudiarán ejemplos como este para hablar de la manipulación informativa y de los intereses creados en los medios.
Si la gestión de la catástrofe hubiera estado en manos de la izquierda la noticia habría ocupado entera la portada de esos periódicos.

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Un momento para respirar (8) Deslizándonos alegremente hacia la distopía

Fotograma de ‘Hijos de los hombres’ (2006), de Alfonso Cuarón. © UNIVERSAL PICTURES

24 de octubre
En los últimos tiempos, lo distópico se vuelve presente con una facilidad pavorosa. Leo que el PP ha votado junto con los populares europeos a favor de crear campos de detención de inmigrantes fuera de la UE. Lo que en películas como Hijos de los hombres, de Cuarón, se presenta como advertencia aterradora ahora se ha convertido en una posibilidad perfectamente aceptable. No es ya que un político desesperado por aferrarse al poder, y sin escrúpulos, acuda a una medida inhumana –como deportar a los inmigrantes a Ruanda–, es que toda una clase política y sus votantes aceptan la brutalidad como la medida más razonable.

Si en países que se consideran democráticos el trato a los inmigrantes es ya más que cuestionable, no quiero ni pensar lo que va a suceder allí donde la falta de transparencia y de control de la policía y el ejército sean mayores que, pongamos, en España.

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Un momento para respirar (7) Conversaciones con animales y conmigo mismo

Licencia CCO

20 de octubre
Recuerdo alguna conversación con Agustín Fernández Mallo en la que él hablaba de manera jocosa sobre quienes humanizan a los animales. Y es verdad que muchos humanos se comportan con sus animales de forma que a mí también me resulta ridícula. Entonces, ¿por qué hablo con Goxo, por ejemplo, para decirle «venga, Goxo, vamos a dar un paseo y después te pongo la comida»? Es evidente que el animal puede entender mensajes sencillos como «ven» o «no» o «por ahí», que identifica ciertos sonidos con deseos u órdenes, pero no comprende un mensaje complejo; por ejemplo, no entiende una oración adversativa ni una copulativa. Vuelvo a preguntarme, ¿entonces, por qué le hablo?
Creo que la respuesta es sencilla: no sabemos establecer relaciones sin comunicar con el otro y la manera más habitual que tenemos de hacerlo es el lenguaje hablado. Así que nos sale automáticamente esa forma de comunicación porque es una herramienta para establecer un vínculo afectivo, independientemente del contenido y de la recepción. Y un perro es un «otro» con el que cultivamos nuestros afectos.

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Un momento para respirar (6) Un mundo salvaje

Donald Trump en una imagen de archivo. CHRISTOPHER DOGAS / UNIÓN EUROPEA

16 de octubre
Durante mucho tiempo viví con la sensación de que las dictaduras brutales del pasado ya no podrían regresar a eso que, para resumir, llamaría «el mundo occidental». Claro que las democracias parlamentarias esconden impulsos nada democráticos. Pero las contemplaba como desviaciones vergonzantes, residuos de un proceso por completar. Los últimos años han barrido todo mi optimismo a ese respecto.

Leo declaraciones de Trump en las que criminaliza a sectores enteros de la población y prácticamente llama a una razzia indiscriminada «un día realmente violento, una hora brutal… y quiero decir brutal de verdad…»– y pienso que nuestras sociedades han adquirido una dureza y una frialdad nuevas. Más bien, esa dureza y esa frialdad, que antes parecían minoritarias, ahora se han vuelto dominantes. Que la mitad de la sociedad española considere aceptables los crímenes del Estado de Israel muestran ese endurecimiento de quien cree que todo es aceptable para erradicar un posible mal.

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Un momento para respirar (5) Amor y mugre

Milicianos de las Brigadas Internacionales en el frente de Usera. BIBLIOTECA DIGITAL MEMORIA DE MADRID / CC BY-NC 4.0

6 de octubre
Cuando Edurne y yo dirigimos un taller sobre el amor en la literatura, hará dos o tres años, intenté pensar en una definición del amor que me satisficiese y llegué a una que aún me sirve: el amor es la coincidencia de una emoción y una convicción que nos llevan a desear la felicidad del otro por encima de la nuestra.

Lo bueno de esta definición es que vale para distintos tipos de amor. No es una concepción tan desinteresada como pudiera parecer, porque nadie puede ser feliz a la larga cuando la persona a la que se ama no lo es. Es decir, hacemos feliz al otro no solo por el bienestar del otro, también porque de este depende mi felicidad. Esto es válido especialmente para las relaciones de pareja, que exigen un contacto muy frecuente con el otro y nos vuelven testigos obligados de la infelicidad y felicidad de la persona amada.

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Un momento para respirar (4) También Kafka se fue a nadar

Mientras escribo estas menudencias, Israel bombardea el Líbano / REUTERS

28 de septiembre
Estoy leyendo a la vez tres novelas, dos libros de poemas y un libro autobiográfico. He empezado a escribir una novela y un libro de poemas. Y este diario. También tengo varios libros sobre la mesa que quiero o debo leer o alguien me ha pedido que lea.

En el último capítulo de «Libros y susurros» [la sección del suplemento El Periscopio] le decía a Edurne que iba a dejar de escribir. Mientras tanto, estoy ya pensando en el libro de poemas y en dos nuevos proyectos de novelas. Aparte de revisar La ética de la crueldad y Escritores delincuentes.

De pronto todo esto me agobia, me siento incapaz de hacer frente a mis obligaciones y deseos. Tengo la impresión de que demasiadas cosas que podrían hacerme ilusión se convierten en tareas porque necesito terminarlas pronto para dejar paso a otras. Pero no sé cómo frenar, cómo escoger.

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Un momento para respirar (3) Poesía bajo las bombas

Fotograma de Tasio (1984), película de Montxo Armendáriz, recientemente restaurada

19 de septiembre
Me llaman la atención las fechas de algunos poemas de Victor Serge, revolucionario, periodista y poeta: 1934, 1935, 1938, 1941… Es decir, mientras el ascenso de Hitler continúa imparable, mientras el dictador nazi se ha hecho con el poder, poco después de las purgas de Stalin, en medio de la Segunda Guerra Mundial, el revolucionario encuentra tiempo para escribir poemas.

Me acuerdo ahora de algo que escribió Primo Levi en El sistema periódico. Lo busco en mis notas: «Si no me equivoco, todos escribíamos poemas […] Escribir poemas tristes y crepusculares, ni siquiera muy hermosos, mientras el mundo ardía, no nos parecía extraño ni vergonzoso».

No hay contradicción alguna entre luchar y escribir, entre contemplar la catástrofe y entregarse a la poesía. Claro que la poesía puede ser una herramienta para no mirar la realidad, pero también lo es para atreverse a sentirla desde un espacio protegido.

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