
Marcha de protesta contra la ampliación del museo Guggenheim en la reserva natural de Urdaibai. VINCENT WEST / REUTERS
4 de mayo
En sus Ensoñaciones del paseante solitario, Rousseau escribió una idea a la que merece la pena darle vueltas: «Nunca pensé que la libertad del hombre consistiera en hacer lo que desea, sino en no hacer lo que no desea». Claro que ambas concepciones de la libertad no son excluyentes y, de hecho, deben ir juntas, pero, como la libertad absoluta no es posible en ninguna sociedad, sí es importante saber en cuál de ellas se hace hincapié. El respeto a la libertad ajena parece más garantizado en la segunda versión; en la primera nos acercamos más al anarcocapitalismo en el que el deseo del individuo tiene primacía sobre el bienestar de los demás.
Hace años una mujer muy joven me dijo –no recuerdo del contexto más que estaba cenando con un grupo de personas en Senegal, a donde fui como intérprete voluntario para Amnistía Internacional–: «Ah, hacerse mayor es esto: saber lo que quieres». En aquel momento perdí la oportunidad de responderle que no, que hacerse mayor, en el mejor de los casos, es saber lo que no quieres y no hacerlo.