
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en un gesto característico. AARON SCHWARTZ / EFE
11 de febrero
Sin venir a cuento me acuerdo de Reglas para el parque humano, de Peter Sloterdijk, donde constataba el fracaso del humanismo para prevenir la barbarie. La educación intelectual, estética y emocional no ha servido de nada para evitar las masacres más brutales. Y no hace falta remontarse al Holocausto para confirmar esa impresión. No es muy original la afirmación, pero lo que me interesó en el libro –sin que eso signifique que estuviese de acuerdo con él– es que veía una puerta en la esperanza en la modificación, mediante la tecnología, del ser humano; no tanto de su software como de su hardware. ¿Era así? Tengo la impresión, más bien la certeza, de que olvido mucho más de lo que recuerdo de los libros que leo.
A veces, mientras estoy leyendo un ensayo, me digo: y todo esto lo olvidaré. Y lo releo e intento memorizarlo aunque sé que, en general, se trata de un esfuerzo inútil. Al final, la cultura es el poso indescifrable de todo lo que olvidamos