
Licencia CCO
20 de octubre
Recuerdo alguna conversación con Agustín Fernández Mallo en la que él hablaba de manera jocosa sobre quienes humanizan a los animales. Y es verdad que muchos humanos se comportan con sus animales de forma que a mí también me resulta ridícula. Entonces, ¿por qué hablo con Goxo, por ejemplo, para decirle «venga, Goxo, vamos a dar un paseo y después te pongo la comida»? Es evidente que el animal puede entender mensajes sencillos como «ven» o «no» o «por ahí», que identifica ciertos sonidos con deseos u órdenes, pero no comprende un mensaje complejo; por ejemplo, no entiende una oración adversativa ni una copulativa. Vuelvo a preguntarme, ¿entonces, por qué le hablo?
Creo que la respuesta es sencilla: no sabemos establecer relaciones sin comunicar con el otro y la manera más habitual que tenemos de hacerlo es el lenguaje hablado. Así que nos sale automáticamente esa forma de comunicación porque es una herramienta para establecer un vínculo afectivo, independientemente del contenido y de la recepción. Y un perro es un «otro» con el que cultivamos nuestros afectos.
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